La tecnología infrarroja transfiere el calor directamente a la superficie del producto, sin necesidad de calentar todo el aire alrededor. Los procesos se acortan y el gasto energético baja, con una calidad más constante pieza a pieza. Cuando se cambia parte de un horno de convección por infrarrojo, se suele recuperar espacio de planta y bajar el tiempo de cada ciclo.