En un horno de convección, buena parte de la energía se pierde calentando el aire y las paredes. El infrarrojo, en cambio, transfiere el calor por radiación directamente al recubrimiento, que absorbe esa energía y evapora el disolvente o polimeriza casi de inmediato. Eso permite acortar túneles, reducir el gasto energético y ajustar el proceso por zonas de temperatura.
- Reducción notable del tiempo de secado y del ciclo de producción
- Menor consumo energético y menos espacio de instalación
- Control preciso por zonas para evitar defectos y sobrecalentamientos
- Fácil integración en líneas existentes o como módulo independiente